Recomenzar

Retomar la práctica de la oración… te cuento un poco mi experiencia, cuando me ha sucedido de abandonarla o disminuirla mucho.

La mayor dificultad que se me presentaba estaba referida a lo que llamaría cierta “imagen de mí mismo”. Por una parte no podía perdonarme la caída, el abandono de la oración, pero por otra no podía imaginarme de nuevo como alguien “orante”.

Comprender esto entraña alguna complicación, más que nada por mi dificultad en explicarlo. Pero diría que muchas veces lo que hacemos, lo hacemos para poder tener una imagen de nosotros mismos que nos brinde una sensación agradable.

Y la práctica de la oración y la ascesis suelen quedar también contaminadas por esta especie de –vicio sicológico- de hacer, no lo que se hace en sí, sino por un motivo no manifiesto o no del todo consciente.

Muchas veces las acciones inician bien encaminadas y motivadas y luego, el ego las toma para sí, queriendo con ello enorgullecerse y ocultar su esencia hecha de cosas vanas.

Quiero con esto decir que la oración ha de retomarse en el mismo acto en que descubres en ti la intención de regresar a la misma. Y debe iniciarse sin más, sin esperar determinada condición interior o exterior para retomarla.

Evita comparar tu momento actual con otros anteriores en el tiempo. Estamos ante El Señor siempre, como estamos, como somos. El mira nuestro corazón profundo y no nuestros vaivenes.

Repite el Nombre de Jesucristo, o la frase que sueles utilizar al iniciar cada actividad, al abrir los ojos en la mañana, antes de la higiene matutina, antes de ir al trabajo, antes de comer etc.

Si surge en ti el fuego sagrado que te impulsa a repetirla en todo momento, sigue el impulso sin obstaculizarlo y si no, acepta el momento en que te encuentras de recién principiar en ella.

Por particulares vivencias que he atravesado en mi vida, adopté un día la frase tradicional, “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador!”. Quiero transmitirte la certeza, de que esta misericordia ya nos ha sido entregada desde La Cruz y nos es dada cada día en cada aliento.

Te diría que la gracia fluye de continuo en forma de perdón. Por eso, cada vez que repito la plegaria, me doy cuenta que la hago para acordarme que El Señor me quiere y está conmigo y no porque sin ella me niegue la misericordia.

Te saludo fraternalmente invocando el Santo Nombre

Textos propios del blog

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